Mujeres Imparables

Mujeres Imparables

Por Piedad Bonnett

Poema con Alas

 

Cuando dicen poema la gente se imagina amores rotos,
cielos llenos de estrellas, armonía.
Este no es el poema que la gente imagina.

Aquí hay una mujer en carne viva.
Y en su vientre una niña
que esa mujer habría querido mecer entre sus brazos
y una noticia que no registrarán los noticieros:
para aquella criatura
el aire no será sino miedo y asfixia.
Su corazón, le han dicho, sus pulmones,
aun antes de nacer ya están sufriendo.
Y si naciera
el inocente cuerpo atravesado
por la barra candente del dolor,
apenas sí resistirá la vida.  

Este poema acoge a una mujer que llora,
a una mujer que busca una salida

¿Puede permitir el amor que sufra aquel que amamos?

Y aquí —pido perdón— el poema se carga de la hiel más amarga
de un ejército armado de impiedad e indolencia

que amenaza de muerte a la mujer que implora,

de médicos, burócratas, leguleyos,
de guardianes del bien y la justicia

que atrasan los relojes,
que se lavan las manos,
que pronuncian discursos y juzgan y censuran

que cobran, chantajean, ultrajan, dictaminan,

de enfermeras que humillan a la mujer sangrante,
—una que arrima el feto a la cara llorosa de una chica violada,
otra que endilga a todas el mote de asesinas,
la que escupe los cuerpos desnudos y vencidos—

todo en nombre de Dios, de la moral cristiana, del amor a la vida.

Aquí el poema tiembla y se rebela.

Y como la mujer que alza su voz valiente para exigir respeto,
alza también su voz la poesía.

Ilustración por Gisell Gutiérrez

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