Relato Sobre Laura

Relato Sobre Laura

Por Luis Fernando Afanador

 

Hay que oír a Laura, una de las abogadas de La Mesa por la Vida y la Salud de las Mujeres. Hay que conocer las historias que cuenta. Son muchas, pero hay tres que no consigue olvidar porque son emblemáticas de su frustración, de las barreras con las que se ha encontrado al defender a las mujeres que buscan interrumpir su embarazo como les permite la ley.

Lucía, una mujer joven, con pareja, en una relación estable de varios años. Ambos deciden quedar embarazados. En la semana dieciséis de gestación el ginecólogo advierte que en la ecografía el feto aparece con una malformación. La noticia la afecta y su pareja le dice que la apoya en la decisión que tome. Su familia también la apoya. Lucía decide, entonces, interrumpir el embarazo. Hace el trámite en su EPS y esta empieza a dilatar el proceso. La envían a otro ginecólogo para que le haga un examen «más especializado». Efectivamente hay una malformación que hace inviable el embarazo. La EPS le dice que «ya está lista la solicitud del IVE». Pero nada pasa. El tiempo corre, la edad gestacional aumenta. Lucía busca otra IPS que le ordena un nuevo examen en el que se observa que la malformación —en la cabeza— ha empeorado: si llega a nacer no vivirá más de un segundo. Ella les ruega que agilicen la interrupción, pero no llega el procedimiento, por el contrario, llega la solicitud de más exámenes junto con la semana 36 de gestación, es decir, el tercer trimestre de embarazo que hace casi imposible que la atiendan. Es entonces cuando interviene Laura, quien interpone una ante la Superintendencia de Salud. Nada. Queda la opción de la tutela. La presentan. La EPS responde que no es necesario: le harán el procedimiento. ¡Es la semana 37! Lucía queda destruida. Todo ese tiempo solo oyó hablar de «su hijo», de «la malformación». Se afecta su relación de pareja, terminan en una terapia familiar. Para Laura, un caso que se habría podido resolver muy rápido, se prolongó absurdamente: «Fueron más de dos meses en una tortura. Nosotras le dijimos que eso no tenía otro término que tortura».

Marta Elena, una joven de diecinueve años. Queda embarazada y no quiere tener ese hijo. Acude a la EPS y la remiten a una clínica para interrumpir su embarazo. Allí le dicen que no la atenderán porque su caso «no está en ninguna de las tres causales». Al día siguiente «alguien» la llama a su teléfono y le da los datos de otra clínica donde seguro la atenderán. Cuando llega a esa clínica le dicen: —Sí, aquí sí», y la llevan a un consultorio donde un médico le aclara que tiene un embarazo de un mes: «Este es el corazón, esta es la cabeza, aquí ya está formado y espéranos que ya vamos a hacer el procedimiento». Ella, con la certeza de estar en la causal salud, espera. De nuevo aparece el médico con un computador y le muestra un video de fetos desmembrados: —Mira, esto es lo que tú quieres hacer». A continuación saca un muñeco, un feto, e insiste: «Él ya está formado y esto es lo que tú le vas a hacer». Mutilarlo, el mensaje es claro. No le hacen el procedimiento, en cambio, le ofrecen dinero para que no aborte. Marta Elena se va alterada. Después, le pasan el dato de que existe una clínica segura  que presta los servicios de IVE en las tres causales. Se dirige a esta y finalmente interrumpe su embarazo. Entretanto, la siguen llamando, la acosan para que no aborte, la amenazan con decirle a su mamá, a su pareja. ¿Quién la llama? ¿Cómo consiguieron su teléfono? Eso todavía es materia de investigación. Dice Laura: «Ahí hubo tortura, tortura psicológica, porque le mostraron imágenes y ella quedó muy perturbada, ella se asustó y dijo: “¿será que sí?, ¿será que me van a meter a la cárcel?”».

Gloria, otra mujer joven. Con 24 semanas de gestación quiere abortar e invoca la causal salud. «Sí, claro», le dicen en su EPS. «Vaya al psiquiatra». Va. En el consultorio, lleno de imágenes de ángeles y figuras religiosas, el profesional le explica que no está en la causal salud y no puede abortar; en cambio, la amenaza con quitarle el hijo que ya tiene. Otra vez el periplo kafkiano de la dilación. Laura interpone una tutela. La niegan en primera instancia. Apela. La niegan en segunda instancia. Trata de que la Corte Constitucional conozca el caso: no lo consigue, ahora la Corte no tiene interés en ese tema y si se interesa en algún caso «es para retroceder y limitar lo que ya hemos abonado en el camino». Pierden. Gloria no consigue abortar. La conclusión de Laura: «Los operadores de justicia no conocen el Derecho y también hacen parte de la ruta crítica de barreras de acceso al derecho a la Interrupción Voluntaria del Embarazo».

En muchas EPS e IPS, la sentencia de la Corte que despenalizó el aborto en tres casos «se acata, pero no se cumple», según se dice en nuestro país desde la época colonial. Hay que pelear diariamente para hacerla efectiva, para que los derechos sexuales y reproductivos no sean letra muerta. Por eso, las historias que cuenta Laura debemos repetirlas y repetirlas para no olvidarlas. Debemos sobreponernos al sentimiento de impotencia y no claudicar. Y para eso, necesitamos más mujeres imparables. Como ella.

Ilustración por Viviana Grondona

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