Éramos Nosotras

Éramos Nosotras

Por Laura Juliana Muñoz Toro*

Relato sobre integrante de La Mesa por la vida y la Salud de las Mujeres

«¡Chsss! Que nadie diga nada, ¡nunca!» Pero nosotras decíamos, maldecíamos un poco también. «¡Chsss! Calladitas». Y nosotras repetíamos: «Es nuestro cuerpo, ¡nuestro! Queremos gozarlo, queremos cuidarlo y también queremos decidir su destino». «¡Chsss! No existe el destino, todo está escrito». Escriban entonces que este cuerpo no muera, no aún, no tan pronto. Y por decirlo nos llamaron marginales. Éramos unas marginales.

Éramos nosotras.

Escuchamos mil historias, cien mil.

A una niña de 12 años, embarazada, alguien le dijo que era natural; ella repitió: «Sí, es natural»; y nosotras dijimos que no, que cómo iba a ser natural que un hombre mayor se metiera a su cuarto mientras jugaba a las muñecas y la tocara ahí… «¡Chsss!, calladita, ¡chsss!, es natural».

¡Basta!

Una joven no podía ocultar más su embarazo, jamás lo había aceptado y decidió tirarse desde el techo de su casa, una casa que acaso tenía techo. No quería morir, no murió, quería seguir viviendo porque apenas empezaba la vida. Tampoco la dejaron. La llamaron delincuente, la llenaron de culpa. Su mirada no volvió a dar a luz.

¡Basta!

A una mujer adulta le ligaron las trompas, le aseguraron que no habría riesgos de concebir de nuevo, pero los hubo, y ahora su vida entera estaba en riesgo.

¡Basta!, dijimos todas, aunque todas fuéramos pocas. Nos cansamos, pero no nos rendimos. Inventamos historias con más esperanza y las verbalizamos para hacerlas realidad. Hablamos del tema en cada rincón. Algunos nos decían locas, otros nos dieron la razón. Formamos un colectivo porque unidas éramos, somos, seremos más fuertes. Tocamos las puertas, le dimos vida a un discurso. ¿Nos escucharon?

Sí, éramos nosotras.

Hicimos plantones, cantábamos juntas, llorábamos juntas. Y juntas éramos un solo cuerpo y a la vez todos los cuerpos; éramos manos que se besan, labios que se caminan, piernas que se abrazan. Exigíamos ser autónomas, ser ciudadanas, decidir los riesgos sobre ese inmenso cuerpo. Una exigencia tan simple, tan vital. Inevitable. Éramos inevitables, imparables.

Éramos nosotras.

De tanto plantarnos abonamos una tierra dura, la de los códigos y las leyes. Nos dijeron que sí tres veces y, aunque queríamos más, celebramos, brindamos, nos reímos, planeamos la manera en que la ley no se quedara en un papel. Al día siguiente salimos, seguimos diciendo: «Escúchennos, no somos ingenuas, aún le llaman delito a lo que debería ser una opción, seguiremos demandando porque así somos nosotras».

Somos las que tejemos redes, las que marchamos descalzas, las que sin armas apuntamos al cielo, las que llevamos cientos de años haciendo una revolución pacífica, lenta, pero firme. Somos las que damos vida en más de un millón de formas. Somos las mujeres, las locas más cuerdas.

Sí, somos nosotras.

Seguiremos siendo.

 

*Juliana Muñoz Toro es escritora y periodista bogotana. Autora de las novelas Los últimos días del hambre (Planeta, 2018), Diario de dos lunas (Norma, 2018) y 24 señales para descubrir a un alien (Tragaluz Editores, 2017).

Ilustración por Patricia Vesga

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